Videojuegos y educación: La unión no es imposible (IV)

Llegamos ya al objetivo de esta serie de entradas. Hemos hablado sobre los tres grandes prejuicios que fomentan el odio social hacia los videojuegos: adicción, violencia y aislamiento. Como se ha reflejado en las anteriores entradas, esta aversión se ha visto mitigada en los últimos años gracias, en gran parte, a los juegos sociales, a los juegos casual pero, sobretodo, a una apertura del sector comercial al que van dirigidos los videojuegos.

Pero queda un gran lastre. Uno sólo, muy grande para que pueda ser ignorado: los videojuegos sólo son ocio.

Para enfrentarse a esta entrada hay que olvidar el objetivo primero de los videojuegos e ir más allá.

Un sólo ejemplo bastará para que sea más fácil ese cambio de idea (o al menos para ayudar a abrir la mente).

Imaginad un niño de entre tres y cinco años sentado delante de la televisión viendo Pocoyó. ¿Por qué lo está viendo? La respuesta que dará el niño es obvia a todas luces: porque es divertido (y cualquier otra variante: guay, mola, etc.) Pero ahora imaginad una profesora de primaria que ve la serie. ¿Qué piensa? Obviamente, puede pensar lo mismo que el niño, que es divertida. Pero, llamadlo deformación profesional, verá algo más. Verá valores, verá vocabulario, verá educación en todos los ámbitos. Ahora bien, ¿cuál es el objetivo de los creadores de Pocoyó? No lo sé. Pero se puede intuir que querían enseñar algo a los más pequeños de manera divertida.

Miremos ahora un videojuego considerado infantil como pueda ser cualquier Mario (menos Sunshine, que era muy difícil). ¿Qué se ve a primera vista? Diversión. ¿Qué podemos rascar bajo esa diversión? El valor de la amistad, el coraje, el afán de superación, el trabajo en equipo… O todavía más fácil: coordinación visual y reflejos.

Y si hablamos de juegos más antiguos: idiomas. ¿Quién no ha usado un diccionario para averiguar qué te estaban diciendo?

Los videojuegos siempre han tenido una componente educativa muy fuerte. Componente educativa que también tienen otros sectores de ocio como la literatura y el cine. Es cierto que a lo mejor no son tan marcados, pero haberlos, haylos.

Es cierto, hay videojuegos diseñados específicamente para educar. Ahora me viene uno a la mente: “Conexiones” para PC. Pero seguro que la lista es inmensa. Pero, ¿qué puede enseñarnos un videojuego cualquiera? Pues depende del uso que se le quiera dar. Y ahí es donde interviene la figura del educador. En primera instancia, los padres. Como ya dije en la entrada dedicada a la violencia, ésta sólo existe si el usuario le da sentido desde su punto de vista y los padres deberían ser los primeros en hacer que sus hijos tomen el punto de vista correcto (como hace el narrador de Pocoyó cuando éste hace algo mal, por seguir con el ejemplo). Se trata, simplemente, de darle la vuelta a la tortilla. Eso sí, sin que se den cuenta. No hay nada más contraproducente que insertar la moraleja explícitamente en la fábula (quien haya visto El proyecto de la Bruja de Blair 2 sabe de qué estoy hablando).

Por ejemplo, y por contrarrestar las críticas de la primera entrada, en el Grand Theft Auto, puede suponer todo un reto que cumplan la misión sin hacer saltar la alarma (por ejemplo, sin atropellar a nadie). O simplemente, analizar la situación y los prejuicios sociales que hay detrás del juego.

Hay otros juegos, muchos también, que requieren cierta habilidad mental. El primero que puede venir a la mente es el Brain Training y toda la serie de juegos copia de éste. Juegos para desarrollar la capacidad matemática, lógica y visual del jugador. Pero éstos juegos no son los primeros, aunque posiblemente sí los más obvios. Las aventuras gráficas, como los Monkey Island, las aventuras, como Zelda y Final Fantasy, e incluso juegos de terror, como Silent Hill o Resident Evil, ponen a prueba la capacidad lógica del jugador enfrentándolo a lo que comúnmente se denominan puzzles. Actualmente, este amor por los juegos de desarrollo mental, ha llevado a que los puzzles sean, no sólo parte del propio juego, si no el juego en sí, con la historia por otro lado, como sucede en el caso de la serie Profesor Layton.

La educación está en todas partes y nosotros, pero sobretodo niños y adolescentes, somos esponjas que absorbemos toda influencia. Y toda influencia es educación, buena o mala, positiva o negativa, un ejemplo a seguir o a evitar… Pero eso ya depende de cada uno.

Los videojuegos, a parte de proporcionar diversión y entretenimiento, pueden ofrecer: mejorar los reflejos y la coordinación, mejorar la comprensión lectora y los idiomas, mejorar la capacidad de razonamiento, mostrarnos el valor de la amistad, enseñarnos a trabajar en equipo, enseñarnos a colaborar o a luchar por ser mejores que los demás, enseñarnos a compartir…

En la próxima y última entrada os hablaré de mi experiencia con videojuegos en el aula y espero que sirva de ejemplo para aumentar los recursos de los profesores en el aula.

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About jolupa

Webmaster de La Gran N. Me encanta pasar las horas leyendo, jugando, disfrutando de una buena película o de una buena serie. Me encantaría tener más tiempo para todo y eso y, encima, dedicarle más tiempo a mis hijos y, como de momento no me va a tocar la lotería, pues sigo escribiendo en estos pequeños blogs a la espera de tiempos mejores.

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